El arma más peligrosa que nadie puede usar contra nosotros es nuestra propia mente, aprovechándose de las dudas e incertidumbres que en ella acechan.
¿Somos sinceros con nosotros mismos o vivimos cumpliendo las espectativas de otros? Y, si somos abiertos y sinceros, ¿podría alguien amarnos de verdad?
¿Podemos hallar el valor de compartir nuestros secretos más íntimos? ¿O en realidad somos imposibles de conocer, incluso para nosotros mismos?¿Somos sinceros con nosotros mismos o vivimos cumpliendo las espectativas de otros? Y, si somos abiertos y sinceros, ¿podría alguien amarnos de verdad?
